El biometano está ganando protagonismo como una de las alternativas para reducir las emisiones del transporte pesado y de larga distancia, un segmento especialmente difícil de descarbonizar debido a las elevadas demandas de energía, autonomía y tiempos de operación de sus vehículos.
Un nuevo estudio internacional presentado en Brasil sostiene que este combustible ya cuenta con una base tecnológica y comercial suficiente para ampliar su utilización y que, en determinados escenarios, puede ofrecer una combinación de menores emisiones, aprovechamiento de residuos y competitividad económica.
La investigación, denominada “Biomethane for Transport Decarbonization”, fue encargada por el Instituto MBCBrasil y elaborada por investigadores de cuatro instituciones: la Universidade de São Paulo (USP), la Universidade Federal de Itajubá (UNIFEI), el Instituto Agronômico de Campinas (IAC) y el Instituto Mauá de Tecnologia. El trabajo, presentado el pasado 8 de septiembre, reúne evidencia científica y económica procedente de América, Europa, Asia y África.
El estudio plantea que el biometano puede desempeñar un papel especialmente importante en vehículos pesados y operaciones de larga distancia, donde la electrificación completa puede enfrentar mayores desafíos relacionados con el peso de las baterías, los tiempos de recarga y la infraestructura necesaria.
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De los residuos a las carreteras
El biometano se obtiene mediante la purificación del biogás generado a partir de materia orgánica, principalmente a través de procesos de digestión anaerobia. Entre las materias primas analizadas por el estudio aparecen la vinaza de la industria de la caña de azúcar, el estiércol animal, los residuos sólidos urbanos y las aguas residuales.
La principal característica de esta cadena es que convierte materiales que normalmente requieren tratamiento o disposición en una fuente energética aprovechable, y también permite integrar diferentes actividades económicas dentro de una misma cadena: la producción de combustible puede estar vinculada al tratamiento de residuos, la generación de biofertilizantes y la obtención de atributos ambientales.
El Ministerio de Minas y Energía de Brasil describe al biometano como un biocombustible renovable compuesto predominantemente por metano que, una vez purificado, puede utilizarse en aplicaciones similares a las del gas natural y, bajo las condiciones técnicas correspondientes, en vehículos e infraestructura asociada.
Uno de los argumentos centrales del estudio es que el biometano no constituye una tecnología experimental: ya se produce comercialmente en aproximadamente 40 países y se utiliza en transporte en cerca de 30 mercados, según la revisión internacional presentada por el Instituto MBCBrasil.
Además, el potencial global de producción es considerable, y el estudio estima que el biogás y biometano podría alcanzar aproximadamente 1 billón de metros cúbicos al año, equivalente a alrededor del 25% de la demanda mundial de gas natural.

Brasil encuentra una oportunidad particular
El caso de Brasil adquiere especial relevancia debido al tamaño de su producción agroindustrial y a la enorme cantidad de residuos que genera. El estudio señala que, únicamente en la industria de la caña de azúcar, el potencial brasileño de producción de biometano podría alcanzar 41.400 millones de metros cúbicos al año.
Según la investigación, menos del 2% de ese potencial estaría siendo aprovechado actualmente, lo que deja un amplio margen para ampliar la producción.
La oportunidad, además, no se limita a vender biometano. Los investigadores consideran que Brasil puede desarrollar una industria capaz de suministrar biodigestores, sistemas de purificación, equipos de monitoreo, soluciones de transporte de biometano licuado y servicios de ingeniería a otros países con abundantes residuos agrícolas pero menor infraestructura de aprovechamiento.
La experiencia acumulada por las empresas brasileñas en el procesamiento de subproductos de la caña de azúcar, especialmente vinaza y torta de filtro, podría convertirse así en una ventaja exportadora para el país.
Y es que los números de la agroindustria brasileña ayudan a entender la magnitud del potencial. Durante la cosecha 2024/25, Brasil procesó aproximadamente 680 millones de toneladas de caña de azúcar, según las cifras recopiladas por el estudio. De ese volumen se generaron 380.000 millones de litros de vinaza, un residuo que puede ser utilizado como materia prima para producir biogás y posteriormente biometano.
El aprovechamiento energético de la vinaza permite, por tanto, conectar dos grandes actividades: la producción de azúcar y etanol, por un lado, y la generación de combustible renovable para transporte, por otro.
El estudio cita varios proyectos que ya operan en Brasil. Entre ellos aparecen instalaciones de Cocal, Raízen, São Martinho y Adecoagro, lo que demuestra que la utilización de residuos de la industria azucarera para producir biometano ya está pasando de la etapa experimental a aplicaciones comerciales.

Plantas de amplia producción
Uno de los casos destacados es el de Cocal, en Narandiba, São Paulo, donde una planta de biometano opera desde 2020 y produce aproximadamente 50.000 Nm³ diarios a partir de vinaza y torta de filtro.
La instalación emplea biodigestores verticales con sistemas para supervisar en tiempo real parámetros como pH, temperatura y desempeño del proceso. El estudio señala que esta configuración representa una evolución frente a sistemas convencionales basados en lagunas horizontales cubiertas.
Cocal también opera una segunda instalación en Paraguaçu Paulista, en São Paulo, con una producción estimada de entre 30.000 y 40.000 Nm³ diarios.
Estos proyectos ilustran una de las principales características de la industria brasileña: el biometano puede producirse cerca de las fuentes de residuos, reduciendo la necesidad de trasladar grandes volúmenes de materia prima hasta instalaciones alejadas.
El potencial de producción no se concentra únicamente en el sector agroindustrial. Los rellenos sanitarios son otra fuente relevante de biogás que puede ser purificado para producir biometano, y el estudio identifica una instalación en Paulínia, São Paulo, como la mayor planta de este tipo de Brasil, con una capacidad nominal de hasta 225.000 Nm³ de biometano al día.
El aprovechamiento energético de los residuos urbanos presenta una doble ventaja potencial: permite obtener un combustible y, al mismo tiempo, gestionar el gas generado por la descomposición de la materia orgánica en los rellenos sanitarios.
En Goiânia, el gobierno municipal también anunció planes para transformar la flota de autobuses urbanos para utilizar biometano producido a partir de residuos, un ejemplo de cómo el combustible puede integrarse directamente en sistemas de movilidad urbana y gestión de residuos.

Una alternativa para el transporte pesado
El sector del transporte de carga es uno de los ámbitos donde el biometano puede encontrar una aplicación particularmente relevante. Los camiones pesados recorren largas distancias y requieren una elevada densidad energética, lo que dificulta sustituir rápidamente todas las tecnologías actuales mediante una única solución.
El estudio encargado por Instituto MBCBrasil estima que sustituir diésel por biometano en transporte pesado podría reducir entre 45% y 75% las emisiones de CO₂ equivalente en todo el ciclo “del pozo a la rueda”, dependiendo de la materia prima, la tecnología utilizada y las condiciones del proyecto.
La reducción puede ser todavía mayor en determinadas instalaciones que utilizan residuos y evitan al mismo tiempo emisiones de metano que, de otro modo, podrían escapar a la atmósfera.
Los autores estiman que algunos proyectos basados en estiércol y residuos pueden alcanzar incluso un balance neto de emisiones negativo, cuando se contabiliza el metano que deja de emitirse por la gestión adecuada de esos residuos.
Según la revisión, determinados vehículos que funcionan con biometano pueden registrar emisiones de partículas y hollín hasta diez veces inferiores a las de combustibles líquidos fósiles, aunque el resultado final depende de la tecnología del motor, las características del combustible y las condiciones de operación.
Esto añade otra dimensión al interés por el combustible. En las ciudades y corredores logísticos donde circulan grandes cantidades de vehículos pesados, reducir contaminantes locales puede ser tan relevante como disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero.
La combinación de estos dos efectos explica parte del interés que el biometano está generando como alternativa para flotas de camiones, autobuses y otros vehículos que pueden utilizar motores adaptados al gas.

La economía puede ser competitiva
La cuestión económica será determinante para que el combustible logre una adopción a gran escala. El estudio incorpora simulaciones de costo total de propiedad, que consideran adquisición, mantenimiento y operación de vehículos pesados durante su vida útil.
En determinados escenarios brasileños analizados, el costo por kilómetro de una flota propulsada por GNC o biometano puede ser competitivo frente al diésel.
La comparación presentada en el estudio utiliza como referencia US$1,73 por kilómetro para GNC/biometano, frente a US$1,87 por kilómetro para diésel y US$1,59 para GNL en el escenario citado. Sin embargo, los investigadores advierten que el resultado depende de variables como el precio del combustible, el costo de adquisición de los vehículos, el mantenimiento, la eficiencia y las características concretas de cada operación.
El informe sitúa el rango del costo total de propiedad del biometano en Brasil entre 30% por debajo y 25% por encima del diésel, dependiendo del escenario.
Uno de los aspectos más importantes del modelo de negocio identificado por el estudio es que la rentabilidad de una planta de biometano no tiene por qué depender exclusivamente de la venta del combustible.
En mercados más desarrollados, entre 20% y 60% de los ingresos totales de algunas plantas pueden proceder de actividades adicionales, como los servicios de tratamiento de residuos, la comercialización del digestato como biofertilizante y la venta de créditos de carbono.
Esto transforma el concepto de una planta tradicional de producción de combustible: en lugar de limitarse a convertir materia prima en gas, puede funcionar como una biorrefinería, con diferentes productos y fuentes de ingresos.
La lógica es especialmente atractiva para regiones agrícolas, ganaderas o con importantes volúmenes de residuos urbanos, donde el mismo proyecto puede resolver simultáneamente necesidades energéticas y ambientales.
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