El despliegue de la infraestructura de transporte de hidrógeno avanza a solo la mitad del ritmo de otras tecnologías limpias, generando un cuello de botella crítico que amenaza miles de millones de dólares en inversiones en energía limpia.
Así lo revela una nueva investigación de la Edinburgh Business School de la Universidad Heriot-Watt, que advierte que la falta de redes de distribución adecuadas podría frenar el desarrollo de la economía del hidrógeno a nivel global.
El estudio, publicado en la revista académica Sustainable Futures, concluye que, aunque la producción, el almacenamiento y las tecnologías de celdas de combustible de hidrógeno están progresando rápidamente y reduciendo costos, la infraestructura necesaria para transportar el hidrógeno (tuberías, terminales y plantas de licuefacción) se está desarrollando a un ritmo mucho más lento, convirtiéndose en el eslabón más débil del sistema.
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La distribución, el futuro principal costo
La investigación señala que la distribución está llamada a convertirse en el componente más costoso de cualquier sistema de hidrógeno.
Incluso a medida que se optimizan los procesos de producción y uso final, trasladar el hidrógeno desde los puntos de generación hasta los centros de consumo sigue siendo caro y complejo.
Según explicó el Dr. David Dekker, investigador de la Edinburgh Business School y autor principal del estudio, el problema es estructural. La distribución de hidrógeno requiere inversiones de capital de gran escala en redes de tuberías, plantas de licuefacción y sistemas de almacenamiento, con costos que se cuentan en miles de millones. A ello se suman regulaciones de seguridad estrictas y procesos de permisos largos y complejos, que ralentizan el progreso.
El análisis también identifica un factor clave que explica el lento avance de la innovación en distribución: la alta concentración de la infraestructura en manos de un número reducido de grandes empresas.
A diferencia de otros segmentos del ecosistema del hidrógeno, donde la innovación es más abierta y colaborativa, los actores dominantes en distribución tienden a compartir menos conocimiento.
En sectores intensivos en capital, donde la ventaja competitiva es determinante, las empresas suelen ser menos propensas a publicar innovaciones o colaborar abiertamente. Esto, de acuerdo con el estudio, frena el aprendizaje colectivo y ralentiza el progreso tecnológico en toda la cadena de valor del hidrógeno.

Un análisis histórico sin precedentes
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación analizó más de 777.000 patentes y 1,3 millones de citas técnicas que abarcan 182 años de desarrollo de tecnologías relacionadas con el hidrógeno.
Este enfoque permitió identificar diferencias claras en el ritmo de avance entre los distintos componentes del sistema, evidenciando que la distribución se ha quedado rezagada frente a la producción y el uso final.
Los resultados representan un hito importante para comprender dónde se encuentran las principales vulnerabilidades del sistema del hidrógeno y por qué, a pesar del entusiasmo y la inversión creciente, el sector enfrenta obstáculos estructurales difíciles de superar sin intervención específica.
El profesor Dimitris Christopoulos, director de Investigación de la Edinburgh Business School y coautor del estudio, subrayó que no es posible hablar de una economía del hidrógeno sin la infraestructura necesaria para moverlo de forma segura y asequible. En la actualidad, esa infraestructura es la pieza fundamental que falta.
El Acuerdo de París, adoptado en 2015, exige una rápida expansión de las tecnologías de energía limpia para cumplir los objetivos climáticos globales. Sin embargo, los cuellos de botella en infraestructura podrían socavar programas de inversión a gran escala y retrasar la descarbonización de sectores clave de la economía.
El dilema del “huevo y la gallina”
La investigación también pone de relieve un problema recurrente en el desarrollo del hidrógeno: la falta de sincronización entre oferta e infraestructura.
La profesora Mercedes Maroto-Valer, vicepresidenta de Sostenibilidad Global de la Universidad Heriot-Watt y directora del UK Industrial Decarbonisation Research and Innovation Centre (IDRIC), señaló que la industria enfrenta un clásico dilema del “huevo y la gallina”.
Las empresas no se comprometen a invertir a gran escala sin redes de transporte fiables, pero esas redes no se construyen sin una demanda industrial firme.
El nuevo estudio aporta evidencia empírica de que la innovación en distribución avanza mucho más lentamente que en el resto del sistema, agravando esta dinámica y aumentando la incertidumbre del mercado.
El retraso en la infraestructura de distribución tiene consecuencias directas sobre la competitividad del hidrógeno frente a otras alternativas energéticas. Sin redes eficientes, la producción tiende a concentrarse cerca de los sitios industriales, impidiendo que otros sectores de la economía accedan al hidrógeno y limitando el impacto positivo sobre la reducción de emisiones.
En este contexto, los costos de distribución pueden absorber una proporción cada vez mayor de los presupuestos totales de los proyectos, reduciendo la eficiencia global del sistema y poniendo en riesgo la viabilidad económica de iniciativas de hidrógeno limpio.
Los autores del estudio coinciden en que se requieren acciones políticas y regulatorias dirigidas para reducir los riesgos asociados a la infraestructura de distribución. Entre las medidas propuestas se incluyen incentivos para una mayor transferencia de conocimiento, el desarrollo de estándares técnicos abiertos y proyectos piloto respaldados por el sector público que permitan demostrar soluciones viables a escala.
Sin este tipo de intervenciones, los costos y la incertidumbre seguirán frenando el mercado, retrasando el despliegue del hidrógeno como vector energético clave para la transición climática.
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