Con la firma de un acuerdo que podría redefinir el mapa energético global, Brasil se posiciona como proveedor estratégico de hidrógeno verde para Alemania en un pacto que combina intereses económicos y ambientales de ambas potencias.
El memorándum de entendimiento, firmado el pasado domingo en Berlín, establece las bases para que el país sudamericano comience exportaciones del llamado «combustible del futuro» a partir de 2027.
La delegación brasileña, encabezada por el ministro de Minas y Energía Alexandre Silveira, logró concretar después de meses de negociaciones un acuerdo que incluye tres pilares fundamentales:
- La creación de un corredor energético entre el puerto de Pecém en Ceará y terminales alemanas;
- Un paquete financiero inicial de 500 millones de euros aportados por el banco de desarrollo KfW;
- Un programa de transferencia tecnológica con participación de gigantes industriales como Siemens Energy.
«Este no es un simple acuerdo comercial. Estamos construyendo una asociación estratégica donde Brasil aporta su extraordinario potencial en energías renovables y Alemania su capacidad tecnológica y de mercado. Cada molécula de hidrógeno verde que exportemos llevará la marca de nuestra sostenibilidad ambiental», dijo Silveira.
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Pacto verde y desafíos pendientes
El acuerdo llega en un momento clave, semanas después de que la Unión Europea estableciera nuevos criterios estrictos para las importaciones de hidrógeno verde, donde Brasil busca posicionarse como proveedor privilegiado.
Según Reuters, una misión técnica alemana visitará Brasil en abril para evaluar proyectos en Ceará, Bahía y Río Grande do Sul, estados considerados clave en la estrategia energética brasileña.
Este pacto no solo refuerza la posición de Brasil en la geopolítica energética global, sino que podría significar un punto de inflexión para atraer inversiones estimadas en 20.000 millones de dólares hasta 2030, según proyecciones del gobierno brasileño.
Mientras tanto, en el Nordeste brasileño, empresas como Unigel y Fortescue ya preparan sus operaciones para lo que podría convertirse en una nueva era de exportaciones energéticas.
Fuentes del ministerio de Economía alemán confirmaron que las primeras exportaciones brasileñas, estimadas en 250.000 toneladas anuales, serán cruciales para cumplir con los objetivos de reducción de emisiones para 2030.
Entre los desafíos pendientes tras el acuerdo, los analistas advierten sobre la urgencia regulatoria, con el proyecto de ley del hidrógeno verde estancado en el Congreso brasileño, y la competencia global, en donde Chile y Marruecos avanzan con proyectos similares, lo que exige agilidad al gigante del sur.