La Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma (NDRC) y la Administración Nacional de Energía (NEA) de China publicaron el «Plan de Construcción del Nuevo Sistema Energético para el «XV Quinquenio», un documento que marcará el rumbo energético del país hasta 2030.
El plan establece un ambicioso objetivo: alcanzar una producción anual de 2 millones de toneladas de hidrógeno producido a partir de energías renovables para el final de la década.
La cifra, que casi duplica la capacidad actualmente en operación y en construcción, representa un salto cualitativo respecto a la situación actual. A marzo de 2026, la capacidad instalada anual de hidrógeno verde en China era de apenas 25.000 toneladas, lo que significa que el país deberá multiplicar por 80 su producción en apenas cuatro años. Este objetivo se enmarca dentro de la meta más amplia del plan de que las energías no fósiles dupliquen su participación en la década.
«El plan marca la transición del hidrógeno y los combustibles verdes de la fase de demostración y exploración a la de despliegue industrial a lo largo de toda la cadena de valor, producción, almacenamiento, transporte y uso», señaló CITIC Securities en un análisis reciente.
La firma estima que el «XV Quinquenio» se convertirá en el período de despegue principal de la industrialización del hidrógeno verde, el amoníaco y el metanol verdes.
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Un cambio de paradigma
Por primera vez en la historia, el Plan de Construcción del Nuevo Sistema Energético incluye el hidrógeno y los combustibles verdes dentro del sistema de suministro de energías no fósiles a nivel nacional. Este movimiento supone un reconocimiento explícito del hidrógeno como pilar estructural de la futura matriz energética china, y no como una mera tecnología complementaria.
El plan establece un enfoque integral que abarca toda la cadena de valor del hidrógeno: producción, almacenamiento, transporte y uso final. Para la producción, se contemplan modalidades como la electrólisis con conexión directa a energía verde y la producción de hidrógeno a partir de energías renovables fuera de la red.
Además del hidrógeno verde, el documento enfatiza la purificación y utilización eficiente del hidrógeno de subproducto industrial, procedente de procesos como la producción de cloro-álcali o la coquización del carbón, que actualmente en muchos casos se quema o se libera a la atmósfera.
Esta doble estrategia, impulsar el hidrógeno renovable mientras se aprovechan los subproductos existentes, busca maximizar el suministro de hidrógeno bajo en carbono en el menor tiempo posible.

Infraestructura a gran escala y aplicaciones en sectores clave
El plan no se limita a fijar objetivos de producción, sino que diseña una arquitectura completa para el despliegue del hidrógeno. Entre las medidas más destacadas se encuentran:
- La construcción de bases de producción de hidrógeno, amoníaco y metanol verdes, distribuidas racionalmente en el territorio.
- El fortalecimiento de la red de tuberías de hidrógeno, con especial atención a los ductos de transmisión interprovinciales. El plan contempla el inicio de la construcción de tuberías de hidrógeno de escala kilométrica.
- La exploración del uso de ductos de petróleo y gas existentes con baja tasa de utilización para el transporte a gran escala de metanol verde.
- La creación de centros de suministro de combustibles verdes para el transporte marítimo internacional.
En cuanto a las aplicaciones finales, el plan impulsa el uso de hidrógeno, amoníaco y metanol verdes en generación eléctrica, transporte, industria química y metalúrgica, y almacenamiento de energía a gran escala.
También se contempla el establecimiento de plataformas de demostración y verificación de hidrógeno y la creación de un sistema de certificación de sostenibilidad para combustibles verdes.
Un mensaje claro para el mundo
Bloomberg destacó que el plan representa un «punto de inflexión» en la estrategia energética china. Junto al objetivo de hidrógeno verde, el documento fija otros hitos igualmente relevantes: la eólica y la solar representarán más del 50% de la capacidad instalada para 2030, el almacenamiento por bombeo alcanzará los 160 GW y el almacenamiento en baterías los 300 GW, mientras que la producción de petróleo se mantendrá en torno a los 200 millones de toneladas anuales.
Con este plan, China envía una señal inequívoca al mercado global: el hidrógeno verde no es una apuesta menor ni un proyecto de futuro lejano, sino un pilar central de su estrategia energética para la próxima década.
El objetivo de 2 millones de toneladas para 2030, aunque ambicioso, se apoya en una hoja de ruta detallada que abarca infraestructura, aplicaciones industriales y marcos regulatorios.
Para los inversores, fabricantes de electrolizadores y desarrolladores de proyectos, el mensaje es claro: China está abriendo un mercado de dimensiones colosales.
CITIC Securities ya ha identificado a los operadores de proyectos de hidrógeno-amoníaco-metanol verde, fabricantes de electrolizadores, la cadena de vehículos con pila de combustible y los proveedores de equipos de almacenamiento y transporte como los principales beneficiarios de este impulso.
La pregunta ya no es si China apostará por el hidrógeno verde, sino cómo de rápido podrá traducir este ambicioso plan en una realidad industrial.
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